sin emociones no hay democracia

Sin emociones no hay democracia

El barómetro del CIS de febrero de 2017 vuelve a confirmar a la política y los políticos como uno de los principales problemas para los españoles. Por detrás quedan el paro, la corrupción o la situación económica. La desconexión entre ciudadanía y clase política es total. Y es que sin emociones no hay democracia.

Para una gran mayoría de españoles, los políticos no se preocupan de lo que quiere la gente sino que solo buscan sus intereses personales. Esta profunda desafección por los políticos también se traduce en una profunda desafección por la democracia. Existe una falta de confianza en las instituciones. Estas ni siquiera llegan al aprobado. La valoración de la situación política sigue siendo mala o muy mala para más del 71% de los encuestados.

 

Divorcio entre políticos y ciudadanos

 

La desafección de los ciudadanos españoles por los políticos no es muy diferente a la desafección que también sienten por las élites de poder.  Se ha producido un profundo divorcio entre lo establecido y los ciudadanos. Hay diferentes causas pero sin duda la más importante es que la sociedad actual está sometida a cambios tan profundos y veloces que hacen que los cimientos de las ideas se tambaleen.  La sociedad actual ha puesto en cuestión hasta los principales procesos emocionales que tiene una persona.  La ruptura entre la ciudadanía y la política tiene paralelismos con la que se ha producido en los tres procesos emocionales principales. La falta de confianza en los políticos y las instituciones, al igual que sucede en una relación de pareja, es la consecuencia de la falta de componente emocional en sus relaciones con los ciudadanos.

 

La recuperación del componente emocional

 

La situación política actual en la que cuatro grandes partidos compiten por el electorado hace que las emociones sean un componente fundamental.  Hay que tenerlo en cuenta a la hora de diseñar las campañas y recuperar el apoyo ciudadano. Esto lo podemos ver de forma más destacada en las campañas de las nuevas formaciones, sobre todo por parte de Podemos. Esta formación ha utilizado el componente emocional del 15M para diseñar todas sus campañas.  Se puede ver en la campaña de las Elecciones Europeas de 2014 y su lema “¿Cuando fue la última vez que votaste con Ilusión?”. También está presente en la última campaña para las generales y su lema “La sonrisa de un país”.

Del mismo modo Ciudadanos en sus dos campañas a las elecciones generales ha utilizado el lemaVota con ilusión”. Este mensaje los distancia de sus campañas previas de corte más tradicional y peores resultados. Por su parte, PSOE y PP han utilizado el discurso que apela a la emoción del miedo enfocándolo hacia las nuevas formaciones, sobre todo contra Podemos.

 

La Democracia Emocional

 

El recurso a las emociones ayuda a juzgar el mundo actual. Además, ayuda a conectar las instituciones y representantes políticos con el electorado. El ser humano carece de control sobre sus emociones. Esta ausencia no las convierta en irreflexivas ya que influyen de manera determinante en las decisiones de los votantes.

La búsqueda de apoyos mediante estrategias emocionales es lo que se llama Democracia Emocional. Sin embargo, los viejos y nuevos partidos deben tener en cuenta las consecuencias del uso de este potente instrumento. Las emociones alentadas en torno a los objetos políticos pueden tener consecuencias inesperadas. No es lo mismo alentar la ilusión que el miedo o el amor que el odio. De este modo la democracia emocional plantea nuevos retos a la política. Estos no solo tienen que ver con las emociones sino con los objetos políticos hacia donde se enfoquen.

 

Sin emociones no hay democracia

 

Una de las primeras cosas que debe tener en cuenta la democracia emocional es que las emociones enfocadas en los líderes políticos pueden desencadenar el narcisismo y el egoísmo.  Los seguidores del líder se convierten en meros instrumentos para la propia vanagloria. Este se transforma en un objeto de culto que debe de ser adorado. El fomento de las emociones hacia el líder hace suspender el propio juicio. Las decisiones tomadas tornan en irracionales lo que hace peligrar el propio sentido de la pluralidad democrática. En este sentido, Partido Popular y Podemos son los partidos menos personalistas en las campañas.  Tanto Ciudadanos como PSOE centran su campaña más en el candidato. En las pasadas elecciones gallegas y vascas, el rostro de Albert Rivera era omnipresente a pesar de que este no se presentara a ninguna de las dos elecciones.

Por otro lado, el objeto de las emociones en la democracia emocional también se puede enfocar en referencia a la construcción ideológica. Conceptos poco definidos como patria se asocian a una emoción de orgullo. Esto fomenta una gran diferencia entre patriotas y antipatriotas. Del mismo modo otros términos como pueblo o clase  producen los mismos efectos.

La utilización emocional de estos términos genera polarización. Este hecho favorece a los partidos situados en los extremos de la escala ideológica. Les hacen ganar apoyos pues plantea la política como un enfrentamiento entre dos grupos que emocionalmente despiertan negatividad.

 

Construir la política con emociones

 

La construcción emocional se hace de los objetos políticos para polarizar la política. Son destacables también las relaciones que se establecen entre los militantes de diferentes ideologías. De especial importancia es el cultivo de la emoción que genera la amistad política frente a la enemistad. De aquí nace la polarización. Este componente esencial no solo comprende la toleranci sino la propia salud del sistema democrático.

La atención de la nueva política por Democracia Emocional es clara. Esta emotividad puede hacer que la búsqueda de puentes entre la ciudadanía y la política se transforme. Corremos el riesgo de abrir una brecha todavía más profunda que la actual. Dependerá del uso que haga la política de las emociones. La pregunta que nos surge ahora es ¿qué uso se le está dando a las emociones?