el populismo de donald trump analizado por emotion research lab

El populismo ya no es lo que era

El grito de ¡populista! es utilizado hoy en día como forma de desprestigio a cualquier político. Sin embargo, según la RAE el populismo se trata de una “tendencia política que pretende atraer a las clases populares” Ni tiene un componente peyorativo ni parece indicar una ideología concreta.

La apelación a las demandas del pueblo frente al poder establecido o las élites dominantes es lo más específico de este pensamiento.  No obstante, al referirse al término se hace en un sentido peyorativo como si alzar la voz en defensa de las clases bajas fuese algo negativo que lleva consigo un interés de alcance de votos. Su uso en los medios de comunicación y partidos políticos tradicionales, aquellos que defienden el “establishment” lo han ido convirtiendo en un término despectivo.

Así, son tachados de populistas figuras, desde la derecha hasta la izquierda. Desde Le Pen y Trump hasta Evo Morales o Pablo iglesias. Se trata de líderes emocionales en cuyos discursos expresan ira o temor hacia aquellos que consideran un peligro para el país recurriendo a alegatos como éste de Morales:

“Las depuraciones evidentemente nos han perjudicado. Hemos ganado jugando un partido con todo en contra. Le hemos ganado incluso al árbitro. En vez de depurar desde la Corte al pueblo, el pueblo debía depurar a la Corte. Si yo fuera miembro de esa Corte, sería el primero en renunciar.”

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Para la derecha, la izquierda será populista por manipular a las clases obreras; para la izquierda lo será la derecha por provocar el miedo en las clases medias trabajadoras con la intención de provocar un comportamiento. De esta forma, cualquier político que en sus discursos aluda a las clases no privilegiadas, independientemente de su ideología, es tachado de populista.

El nuevo populismo se pone de moda

El término populismo pierde todo su significado teórico y se transforma en una forma de acción política, una estrategia de comunicación que ha adquirido una gran relevancia en el debate político y mediático. A veces se alude al nazismo relacionándolo con el populismo. De algún modo ha tomado el relevo como término de descalificación máxima.

Todo ello da lugar a que ya no sea útil recurrir a él para llevar a cabo análisis contemporáneos de estructuras, etapas o procesos de América Latina, que está siendo foco del llamado populismo. Se le ha desprovisto de contenido efectivo.

Las características que definían el populismo; líder carismático, apelación a las masas y el pueblo o movilización política directa de los ciudadanos, se disuelven ante la identificación de populismo con demagogia, con falsas promesas. El acusar de populista hoy en día a cualquier gobierno latinoamericano con discurso social y popular es una forma de combatirlo.

Eduardo Alvarado, licenciado en Ciencia Política y experto en análisis político señala;

“Populismo termina siendo un concepto vacío, algo más identificable con el lugar común, el tópico coloquial o un adjetivo descalificativo que una teoría explicativa de ciertos comportamientos políticos dentro de determinadas circunstancias”

Puede que sea momento de reaccionar ante la nueva realidad del “populismo” y, o redefinirla o utilizarla consecuentemente en vez de automatizarla como si de un insulto se tratara.